Segunda-feira, Junho 12, 2006

Querido Bló,

Un país que incentiva el nacionalismo es un país de catetos, pues es de eso que trata el nacionalismo: sectas egocéntricas creadas por palurdos provincianos de tres al cuarto, esos pueblerinos muertos de miedo de coger un avión, escuchar canciones en otro idioma, enamorarse del vecino o cocinar una receta del otro lado de la frontera. Y es que esta España, tan emocionada con palabros insufribles como multiculturalidad o transglobalización, se equivoca y parece promover la endogamia, con sus consabidas consecuencias en la evolución del ser humano. Cuantos más grupúsculos con aspiraciones (?) nacionalistas surjan de la mente de tres horteras sin vacaciones hace demasiado tiempo, más cateta se volverá España, analfabeta histórica y con vergüenza de admitir que allí fuera (o aquí dentro, que para el caso es lo mismo) también se vive bien. Porque esta es la sínteses del catetismo: como aquí no se vive en ningún lado, como si el vivir implicase pasarse el día comiendo tapas o butifarras, cantar un himno o llevar el gilipollas del burro pegado en la ventana trasera del coche. Vivir, para los nacionalistas, es abandonar el libre albedrío y ser, basicamente, un anormal atado a unos preceptos fanáticos, intolerantes y que en más de un país serían prohibidos por ley.
Que se lo pregunten sino al desgraciado de Arcadi Espada y a los demás componentes de la plataforma de Ciutadans de Catalunya cuando decidieron manifestar en público su opinión sobre el Estatut, el tema más coñazo de la era ZP: la que se lió fue chica. Insultos y amenazas por parte de macarras, que en nombre de un supuesto amor a Cataluña (exclusivo de ellos, claro, y de todos los atrasados que sólo entienden la democracia a golpe de hostiazo y pena de muerte) salieron a la calle cargaditos de odio e hijoputez. Pero de todos los improperios lanzados al vacío de la estupidez el que más caracteriza la falta de cuna y copón en la infancia de estos seres prehistóricos mentales fue - atención, querido lector - bilingües. Te cagas. Ser
bilingüe es malo! Hay que ser tontolculo!!!
Para la próxima vez, estimado nacionalista, aconsejo el uso de otros insultos, de cierto tan solventes como el término en causa y que causarán, por lo menos, el descojono general: lector del Vanity Fair, amante de los Rolling Stones, turista de crucero, comedor de cous-cous, estudiante erasmus, curiosojoputa, antropólogo o arqueólogo, cultomierda, mestizo bastardo, internauta traidor o cruzador de fonteras.
Hay que ser muy cateto. Cuando queráis, queridos nacionalistas míos, os regalo la boina y ya os podéis encerrar en la montaña rodeados de vaquitas. Al bilingüe lo podréis calzar a bastonazos y quemar al extranjero con todos los libros escritos en otro idioma que no el vuestro. Así os extingáis y dejéis de darnos la lata! Garrulos!

1 Comentários:

Na 6:26 PM, Blogger Cristina Carvalho disse...

Mai-nada!E quem fala assim não tem papas na língua.

 

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