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Rititi

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  • yo publico cambio radical antena 3

    Yo, Público – Cambio Radical, Antena 3
    Crónicas televisivas desde el sofá

    No es que quieran ser guapos, modelos de nada, bellezones nacionales o portadas de interviú. Sólo sueñan con ser normales. Como los demás. No destacar en el metro. Que no se descojonen de sus dientes cuando bajan a por el pan. Que nadie se fije en sus granos. Ser invisibles. O por lo menos así lo entiende uno desde la neblina dominical mientras Antena 3, en la voz de ese muñeco de cera llamado Teresa Viejo, comunica a la televidencia resacosa que también Juanita, por ejemplo, después de ocho semanas de humillantes sesiones de bisturí, puede cambiar de vida. Esto es “Cambio Radical”, la versión del fabuloso “Extreme Makeover” pero en cañí, o lo que es lo mismo, uno entra feo y sale normalito, tirando a pasable, hasta bien soso, vestido como si fuera a la boda de la hija de Jesús Gil, en un claro homenaje a todas esas butique Mari que pueblan nuestra españía quería. Que impresión, qué horror y un flaco favor a estas almas en pena. Lo cierto es que los experimentos del programa (a.k.a., los protagonistas) eran unos verdaderos callos malayos, por no mencionar el crimen visual que representaban las respectivas familias, allí sentaditas en el plató viviendo su momento de gloria quirúrgica. Recordemos, si no, al padre de la cegata del domingo pasado: ¿qué significaba precisamente ese bigote? Lo más lógico, dada la masacre visual, sería pasarlos a todos por el quirófano y si te he visto no me acuerdo. O meterlos directamente en el circo a rentabilizar la mano de obra médica. Demasiado cutre. Me explico.
    Se supone que el programa recoge de la miseria a un par de paletos más feos que pifio y les cambia la cara en nombre de la felicidad: adiós a la grasa asquerosa debajo del sujetador, arriba ese culo fofo que nunca ha pasado por un gimnasio, venga reducir napia, depilar las cejas y el bigote virgen, todo radicalmente, claro, a cuchillazo limpio mientras son grabados, porque, aunque se queden irreconocibles, alguien tendrá que recordarles la injuria de ser hermosos. Se supone que el gordo, la bizca, el manco, la cara-culo, la cuatro ojos y todo el repertorio de chistes de nuestra infancia se transformará, tachán y por arte de magia, en el cisne de los multicines periféricos. Todo el mundo, dicen, tiene derecho a ser feliz. Pero no. En la televisión española la felicidad no pasa por parecerse a la Pataky, porque ser una peazo de tía buena es destacable, apuntable con el dedo, es demasiado evidente, como evidente es que esa pobre gente, además de objetivamente fea, tiene una existencia demasiado obvia. Y la obviedad obliga a la normalidad estética, social y cultural, como la de estos tristes, conejillos de indias para la audiencia, que lo único que buscan es parecerse a los vecinos, tan horteras, ordinarios, obvios, patéticos y miserables como ellos. Sólo que menos feos. Ya les vale.



    Por Rititi @ 2007/03/28 | 3 comentários »

  • lachiku says:

    Jajaja! Estas que te sales!

  • hey says:

    What’s up Dear, are you genuinely visiting this web page regularly, if so afterward you will absolutely take good experience.|

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