Querido Bló,
Con la Leti empreñá, que bien se está viendo la tele el domingo por la tarde: Peñafiel, Villacastín, la Campos, bla, bla, bla, todos dale que te pego, jurando por Dios que vienen gemelos, trillizos quién sabe, que la pobre chica se jarta a vomitonas, con lo espantoso que es imaginarse a Felipe sujetándole la asturiana cabeza en los baños del Palacio de Merivent, los criados llevando escupideras, venga a subir escaleras, venga a limpiarle la boquita, y la criatura de rodillas cagándose en la fecundación del real zigoto.
Si es que ser Princesa en estos días de vuelos rápidos y compromisos oficiales no debe ser fácil. ¿Podrá una futura reina excusarse para potar en medio de la inauguración de una fábrica de corchos sintéticos en Salvanueva del Portillo? ¿Tendrá que llevarse a los quince escoltas al váter? ¿Y qué pasa si tiene gases, o si le salen almorranas? ¿Cómo podrá sobrevivir a los ataques inesperados de sueño en una de esas fascinantes reuniones con los hermanos mayores de las cofradías rocieras o los presidentes de las asociaciones provinciales de pasteleros? Pobre Letizia, tía, yo me solidarizo con tu embarazo. Si quieres te mando un e-mail con mi numero de cuenta y me hago super defensora oficial o sea de la causa tuya, la de las periodistas convertidas en figura de estado.
Y qué envidia de país este, te lo juro sin vacilar, con lo que me gustaría que Portugal tuviera un rey, una corte con yates, veinte criados y ochenta pasillos, un par de infantas gordas y ninfómanas de paso y unos primos de sangre azulada que salieran fotocopiados en el papel amarillo, enseñando las bodas, los bautizos - en esta foto vemos al joven Don Floriano da Assunçao de Trindade e do Carmo vestido de comunión por de Armani junto a su tatarabuela, la décima quinta Marquesa de Repises. Qué suerte tiene esta España, cuántas veces deseé yo en las tierras del bacalhau tener una aristocracia que se enseña y presume de títulos, vendiendo a lo bestia la cosa privada y las infidelidades con el ama de llaves de turno. En vez de eso, nos tenemos que aguantar con unos horteras del tres al cuarto, actores pésimos, cantantes desafinados, quinquis en general, presentadoras que algún día fueron delgadas, escritores de pacotilla y con sueños de nobel, con una burguesía, en fin, que desea ser reconocida como la nobleza de aquí, pagando por salir en las portadas de las copias lusitanas del ¡Hola!, Diez Minutos o Semana.
Para caretos plasmados en páginas del corazón me da que prefiero los auténticos, los de pedrigreepal y con cientos de años de ventas en exclusivo en pasquines de consumo de masas.
(dedicado aos meus três leitores espanhóis, que também merecem!)




